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Midiendo los Resultados de la Asistencia en Efectivo: Un reto y a la vez una necesidad

28 abril 2020 — Por José Jodar

Los programas de transferencias monetarias multipropósito en el punto de mira, también en tiempos del COVID-19.

La fase de recogida de información para el Informe global sobre la situación de los Programas de Transferencias Monetarias (PTM), en su segunda edición, y cuya publicación está prevista para mediados de junio 2020, nos sigue mostrando que cuando hablamos de asistencia en efectivo para responder o prevenir situaciones de emergencia todavía siguen saltando –en mayor o menor medida- varias señales de alarma: ¿Seguro que es mejor distribuir dinero que proveer otro tipo de asistencia? ¿Es lo que las personas y los hogares titulares de derechos prefieren? ¿A qué se va a dedicar el dinero distribuido? ¿Cuál es el impacto real de estos programas en la mejora de la vulnerabilidad de las personas y hogares afectados por una crisis? Las respuestas pueden parecer cada vez más contundentes en favor de la asistencia en efectivo, sobre todo cuando se dan las condiciones apropiadas (mercados funcionales, condiciones de seguridad para las personas receptoras de la ayuda y de los equipos de trabajo o el acceso a la tecnología adecuada en relación con los mecanismos de distribución, entre otros), facilitándole de este modo una mayor dignidad y capacidad de decisión a las personas afectadas.

De acuerdo con el informe “El Gran Pacto: perspectivas desde el terreno”, publicado en 2018 por Ground Truth Solutions, el dinero es la principal necesidad no cubierta para las personas receptoras de ayuda humanitaria, seguido por la comida, el refugio/artículos no comestibles y la asistencia médica. Además, este informe muestra que las personas beneficiarias están también más satisfechas con la ayuda recibida en efectivo que con el resto. Con esto no decimos que la asistencia en efectivo sea la solución a todas las crisis, pero sí que, tal y como lo sugieren Harvey & Pavanello (2018), consiguen cubrir de manera eficaz y eficiente necesidades multisectoriales, advirtiendo de que “hay un importante margen para una mayor complementariedad entre los programas de efectivo y los programas sectoriales específicos que puedan crear impactos sinérgicos”. Cabe destacar la importancia de reforzar precisamente la coordinación multisectorial para los análisis de necesidades integrados, así como poder contar con un mayor diálogo y desarrollo de complementariedades entre los distintos sectores y los grupos de trabajo de PTM a escala global y nacional.

No obstante, la asistencia en efectivo es una de las actuaciones recomendadas por el equipo de trabajo del Clúster Global de Salud y de la OMS en su informe de abril 2020 sobre PTM para la reducción de las barreras financieras en la respuesta a la pandemia del COVID-19. En este documento se indica que la asistencia en efectivo puede servir para dos fines principales y complementarios en el marco de esta crisis. Por un lado, deber permitir que las familias más vulnerables y afectadas por la pérdida de ingresos y las medidas de confinamiento puedan hacer frente a sus necesidades básicas, y por el otro, apoyar para que las personas que se encuentren en cuarentena y/o familiares que estén cuidando de miembros enfermos, puedan mejorar su acceso a los servicios de salud.

Medir los resultados de la asistencia en efectivo es posible

Pero, ¿qué es exactamente la asistencia en efectivo o los programas de transferencias monetarias multipropósito? De acuerdo con el glosario de CaLP, se trata de las “transferencias monetarias que un hogar necesita para cubrir parcial o totalmente un conjunto de necesidades básicas y/o de recuperación […] que no están restringidas a un uso particular, ya que las personas beneficiarias elijen como usarlo”. Y con ello, la importancia de reforzar la coordinación multisectorial para los análisis de necesidades integrados.

Y ¿por qué es importante poder medir su impacto? Medir los resultados de los programas y el impacto en la situación de las personas receptoras de la ayuda está directamente relacionado con el hecho de asegurar la calidad de la respuesta humanitaria y obtener pruebas que puedan orientar en el presente y en el futuro a las personas tomadoras de decisiones. En este sentido, ya en el primer informe sobre la situación global de los PTM publicado en 2018 se identificó como uno de los principales debates en torno a los PTM, la necesidad de generar evidencias relacionadas con el impacto positivo de los PTM, y especialmente cuando se trata de transferencias multipropósito.

Y siendo así, ¿qué es necesario para poder medir su impacto? Para empezar, resulta fundamental que el conjunto de actores humanitarios, en el marco del grupo de trabajo sobre la asistencia en efectivo del Gran Pacto, hayan acordado la identificación de indicadores adecuados de forma participativa. Y después, claro está, que estos indicadores se conozcan de forma amplia y se apliquen.

El borrador de los indicadores de resultados de los programas de transferencias monetarias multipropósito: un primer paso fundamental.

Como resultado de este proceso previo, CaLP, en conjunto con USAID/ y con Catholic Relief Services (CRS), publicaron en julio de 2019 un documento borrador que establece un conjunto de indicadores básicos tanto sectoriales -o transversales- como multisectoriales, que puedan ser utilizados para medir los resultados y el impacto de la asistencia en efectivo. En los indicadores transversales destacan sobre todo los que están relacionados con la capacidad de los hogares para cubrir sus necesidades básicas según sus propias prioridades, así medir –según su propia percepción- que las personas receptoras de la ayuda hayan recibido la asistencia de forma segura, accesible, transparente y participativa. En los indicadores sectoriales se incluyen indicadores para medir la seguridad alimentaria y las estrategias de adaptación de los hogares a situaciones de crisis, las condiciones de refugio seguro y digno, el acceso a artículos no alimentarios, así como el acceso al agua, saneamiento e higiene, la educación, la protección y la salud, entre otros. La inclusión de indicadores sectoriales de salud es especialmente importante para la provisión de asistencia en efectivo en contextos de preparación y respuesta ante emergencias sanitarias como la actual pandemia del COVID-19.

El uso de estos indicadores de forma generalizada resulta fundamental para poder armonizar cómo se van a monitorear los resultados de la asistencia en efectivo y conseguir, de este modo, cierto nivel de análisis comparativo entre respuestas diferentes, en contextos diversos y con poblaciones beneficiarias distintas. Ya existen varias experiencias donde se están utilizando estos indicadores tanto los transversales como los sectoriales. En el caso de Save the Chlidren en Perú, en el marco de su repuesta para las personas migrantes procedentes de Venezuela, o del Collaborative Cash Delivery Network (CCD) en Colombia para el apoyo en asistencia en efectivo con el fin de cubrir las necesidades críticas de personas refugiadas, migrantes vulnerables y comunidades de acogida. Estas experiencias han sido expuestas en un webinar organizado el 9 de diciembre de 2019 (únicamente en inglés). Además, USAID ya los ha incluido como referencia en su relación de indicadores para la asistencia en efectivo, incluyendo a su vez información de guía para el uso de estos indicadores.

Estas iniciativas nos muestran que, aunque se cuente con un abanico de indicadores disponible y consensuado, es necesario en muchos casos ser selectivos en el uso de los mismos, sobre todo en relación con las características programáticas específicas (principales necesidades sectoriales, valor de la asistencia monetaria, duración del programa, capacidad de los equipos de recolección y análisis de datos, etc.). Igualmente, algunas recomendaciones a partir de estas primeras experiencias subrayan varios puntos importantes como, complementar el uso de encuestas a nivel de los hogares con otras metodologías a nivel de grupo (como grupos de discusión u otras más participativas), adaptar la guía del uso de indicadores a contextos específicos –como el caso de la crisis migratoria latinoamericana-, proveer más información específica en relación con su uso (como aclarar los métodos de recogida de información y su frecuencia) y precisamente ser pragmáticos entre la necesidad de recogida y acceso a la información y los recursos disponibles para ello.

¿Y ahora qué? La importancia de usar estos indicadores y proveer información sobre los resultados, así como los retos para su puesta en práctica.

Como hemos visto, el documento que contiene la información básica para el monitoreo de la asistencia en efectivo existe, pero esto no quiere decir que se trate de la versión final. Todavía nos encontramos en la fase de prueba y lo que se necesita es precisamente que los actores humanitarios pongan en práctica estos indicadores y, a la vez, provean información sobre lo que está funcionando y lo que no. Esto incluye información sobre cómo las organizaciones y los grupos de trabajo, ya sean sectoriales o específicos vinculados con los PTM, lo están poniendo en marcha a nivel organizativo (¿se integran estos indicadores a nivel de toda la organización o sólo para proyectos específicos?) y programático (¿Cómo se establece la recogida de información y quién la realiza? ¿Para qué se usa esta información?).

Para recoger los comentarios y experiencias con respecto al uso de estos indicadores a nivel global, está prevista más adelante la realización de una encuesta para practicantes y organizaciones con experiencia en el ámbito de la asistencia en efectivo. Además, se van a llevar a cabo más acciones para la discusión y divulgación de las experiencias actuales usando y desarrollando estos indicadores. Esto servirá para que se puedan seguir afinando el sistema de monitoreo y evaluación de la asistencia en efectivo a medio y largo plazo, generando así un consenso sectorial y transversal sobre los indicadores a utilizar y cómo usarlos.

Se trata por lo tanto de un proceso cuya implicación a todos los niveles es básica. Incluir criterios técnicos multisectoriales, reforzar la coordinación en torno a los mismos, implicar a los agentes de terreno y su experiencia y, finamente y a la vez de lo más importante, asegurar que se tiene en cuenta la percepción de las personas titulares de derechos –priorizando procesos participativos- es la vía más segura para el éxito de esta iniciativa. Una iniciativa que busca reforzar el uso de la asistencia en efectivo asegurando la calidad de las intervenciones mediante el refuerzo de sus mecanismos de seguimiento y evaluación.

Lo podríamos resumir así: evidencias frente a presunciones, datos contrastables e información frente a creencias, la asistencia en efectivo -cuando se dan las circunstancias adecuadas- frente a sistemas de asistencia rígidos y donde las personas apenas tienen capacidad de elección en base a sus propias necesidades. Si como practicante o como organización, te interesa este tema ¡Únete a la iniciativa, contáctanos y participa!

Para más información pueden contactar con José Jódar jose.jodar@calpnetwork.org y Ruth Mc Cormack ruth.McCormack@calpnetwork.org